La mejor tienda de fútbol del mundo


A Massapequa Soccer Shop llegué como en los viejos tiempos: por el directorio telefónico. Nada de internet ni de redes sociales, un día estaba en la casa de mi hermana en Long Island y le pregunté si sabía de una tienda de fútbol cerca. Me respondió que no y me entregó el directorio telefónico. Ahí la encontré bajo el apartado ‘Sporting goods’.

Era 2001 y la moda de las camisetas de fútbol había explotado pocos años atrás, así que no esperaba gran cosa del lugar. Digo, ¿qué podía ofrecer en materia de fútbol un pueblo de Estados Unidos llamado Massapequa Park donde no viven más de 17.000 personas?

Ignoro si hay un almacén de fútbol en Londres que sea la locura, o que existan tiendas en Buenos Aires donde se encuentran hasta los guayos de Arsenio Erico. Lo que sé es que a donde llego pregunto siempre por una tienda de fútbol, y no he visto ninguna que se le acerque a esta de Massapequa Park.

Cerca de Cibeles, en Madrid, hay un pequeño lugar donde se encuentran verdaderas rarezas; durante el Mundial de 2006 di con un negocio en Gelsenkirchen donde había uniformes de equipos exóticos; mientras que en el centro de Sao Paulo hay un establecimiento donde tienen tantas camisetas que las ordenan por color. Allí compré las dos de Sampdoria (la azul y la negra) y estuve tentado a llevarme las de Gales (la roja y la amarilla con verde), sólo que el presupuesto no me alcanzó.

Esta es Massapequa Soccer Shop, una tienda familiar donde se puede encontrar todo lo que tiene que ver con fútbol. Casi todo.

 

 

Esa mujer que se ve borrosa es Helen Fish, la dueña de la tienda. Fue la única que pude tomarle ya que fue muy clara al decirme que tomara todas  las fotos que quisiera, menos a ella. El almacén fue fundado hace 40 años por sus padres y su hermano. Su madre, nacida en Bélgica y de apellido Bodenstein, jugó fútbol durante su juventud. De ella fue la idea de montar el negocio, que empezó vendiendo guayos. Guayos es lo que hay en la foto. Dos  paredes se ven ahí, y la cámara no alcanzó a coger otra que también está repleta.

 

 

Everton, Fiorentina, Getafe, Hamburgo… Los uniformes están ordenados por orden alfabético y por año. Esta fue mi tercera visita y dos horas no alcanzan para ver todo lo que tiene. La billetera, por supuesto, tampoco.

 

 

Una de las cuantas rarezas de la tienda: la camiseta de la selección nacional de India a apenas US$35. Esta es la reciente, lejos de aquella que debió usar el equipo en el mundial de 1950, torneo al que renunció cuando la FIFA le prohibió a sus futbolistas jugar descalzos.  

 

 

Rareza II: la camiseta del Tibet, fabricada por la marca danesa Hummel. Recuerdo que la primera vez que fui a la tienda lo que más me gustó fue encontrar muchos productos de la liga inglesa, con equipos como el Tottenham, el Newcastle y el Chelsea antes de que fuera de Abramovich. Había guantes Uhlsport, balones Lanzera, guayos Mizuno. Todo era diverso. Hoy, aunque conserva productos de dichas marcas, la tienda es dominada por Nike, Adidas y Puma.

Según Helen, es una lástima que esto pase. Aunque es bueno para el negocio tener dichos productos, me confesó que es una lástima que esas tres marcas le hayan lavado el cerebro a la gente. Dice que los niños de hoy prefieren unos guayos Nike de colores así se dañen a los tres meses que unos Asics, muchas veces superiores y hasta más baratos, pero con menos exposición mediática.

 

 

La del Verona. Alguna vez estuve en una tienda de fútbol en Roma y no la encontré, pero vine a dar con ella acá. Fue verla y recordar al equipo que fue campeón de Italia en 1985 con Hans Peter Briegel y Preben Elkjær Larsen. El brazo que sostiene la camiseta es de mi hermana mayor.

 

 

Al fondo, bien exhibidas las últimas camisetas de los equipos más populares. En primer plano, colgadas en Racks donde toca bucear durante horas, todos los equipos de fútbol que usted se pueda imaginar: Treviso, varios clubes de Honduras y hasta la de Nepal.

 

 

Sudáfrica, Trinidad y Tobago, Suiza, Suecia. El inventario del sitio es tan grande que separan los clubes de las selecciones. Dato: tienen las de Colombia desde el 2005 hasta hoy. 

 

 

Esta fue la compra de esta vez: Irlanda (pantaloneta y camiseta), Dinamarca, La tercera del Arsenal, Sporting de Lisboa, AEK de Atenas, una vintage del Perú, Turquía, Birmingham, la pantaloneta de Inglaterra, una de entrenamiento de Italia y las medias del uniforme suplente del Newcastle, equipo que es una fijación para mí.

 

 

Las compras de fútbol en este viaje se completaron en Miami con las camisetas del Manchester United, Manchester City y Juventus (a la derecha). Fue en un almacén llamado Soccer Locker. No es un mal lugar, pero me parece que es más la fama que tiene. Allí usted va a encontrar lo mismo de siempre: Inter, Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, etc, todo a precios altísimos. En fin, una tienda para turistas, no para hinchas.  

¿Quién iba a pensar que en Long Island, estado de Nueva York, cerca de donde nacieron Jerry Seinfeld y los hermanos Baldwin, está el secreto mejor guardado del fútbol? 

Postales de Chicago

 

Así recibe Chicago a los que llegan en la noche a Union Station, la principal estación de trenes de la ciudad. El centro de la capital de Illinois incorpora el agua a su paisaje al estar al borde del Lago Michigan y ser cruzada por los canales del río Chicago, que es la fuente de agua que se ve en la foto.

 

 

Esta es la vista exterior del Soldier Field, estadio donde se inauguró el mundial de fútbol de 1994. Ese  17 de junio Alemania le ganó 1-0 a Bolivia con gol de Jurgen Klinsmann. Así se veía el estadio hace 18 años.

 

 

Durante más de 20 años la Torre Sears fue el edificio más alto del mundo. Pero los tiempos cambian y hoy ocupa el séptimo lugar en la lista y ya no se llama Sears, sino Willis. La construcción puede verse casi desde cualquier lugar de la ciudad. Esta foto fue tomada a orillas del lago Michigan, cerca del Soldier Field.

 

 

La torre Sears vista a una cuadra de distancia. Lo que poco se sabe es que su diseñador fue un colombiano: Bruce Graham. Colombiano de nacimiento, ya que su padre, un banquero canadiense, viajaba por el mundo y a su hijo le tocó nacer en La Cumbre, un pueblo cerca de Cali.

 

 

Y así se ve Chicago desde el piso 103 de la torre Sears. La ciudad es considerada la cuna de los rascacielos, tipo construcción que tiene hoy a Asia como la dominante en el tema. Acá, una guía básica de los principales rascacielos de Chicago.

 

 

CNA es una corporación financiera y este es su edificio, una estructura de 44 pisos y 183 metros de altura que llama la atención por su color. Sin embargo, el edificio es famoso también porque una de sus ventanas cayó en 1999 y mató a una mujer que pasaba por ahí. El caso se resolvió con el pago de una indemnización de 18 millones de dólares

 

El día que llegué a Chicago el centro de la ciudad de conmocionó por una huelga de profesores, la primera en 25 años, que exigían mejores condiciones para ellos, los estudiantes y las escuelas de la ciudad.  El paro afectó a unos 300.000 estudiantes. Yo no entendía por qué Chicago y Bogotá son consideradas ciudades hermanas, pero lo entendí todo al ver esta postal. 

 

Se llama ‘Cloud Gate’, pero es conocido como ‘The bean’ (El Frijol) por su forma. La escultura fue hecha por el artista indio Anish Kapoor, que también ha hecho trabajos en otros lugares del mundo como Alemania, Inglaterra e Israel. Aunque parece una estructura compacta, está formada por 168 paneles de acero finamente soldados y pulidos. Su escenario es el Millennium Park, el parque público más famoso de Chicago, que separa a la ciudad del Lago Michigan.

 

 

Así se ve el skyline de Chicago reflejado en El Frijol. Para eso se hizo.

 

 

‘The dark knight’, la segunda parte de Batman, empieza con el robo al ‘Gotham National Bank’. El lugar es en realidad la oficina de correos de Chicago.

 

 

Uno de los edificios más bonitos de Chicago es el Jewelers Building, que sirvió de locación para ‘Batman begins’, la primera parte de la saga, y también apareció en la tercera parte de Transformers.

 

 

El Chicago Board of Trade Building es un patrimonio histórico de la ciudad y fue construido en 1930 para que allí funcionara la Bolsa de valores. Su fachada fue usada en ‘Batman begins’ como sede de Wayne Enterprises, la empresa familiar de Bruce Wayne.

 

 

Vista nocturna del edificio, que también sirvió de escenario para ‘The Untouchables’ y ‘Road to perdition’, dirigida por Sam Mendes, ganador del Oscar por ‘American Beauty’.


 

También en ‘The Untouchables’ apareció Union Station, la estación de trenes, donde se rodó la escena del tiroteo en las escaleras.

 

 

Panorámica de Chicago al final del verano. El río en la mitad y a la izquierda, coronada por una antena, la Torre Trump. Funciona como hotel y apartamentos privados y es el segundo edificio más alto de Estados Unidos, después de  la Torre Sears. Será el tercero cuando el One World Trade Center, en Nueva York, abra sus puertas en 2013.

 

 

El Museo de ciencia e industria, ubicado entre el Lago Michigan y la Universidad de Chicago.

 

 

Ocho de la noche. Atardece en Chicago

 

 

Minutos después, rumbo al estadio de los Medias Blancas para ver el primer partido de béisbol de mi vida. La prensa dio bastante difusión a la Serie Mundial de béisbol ganada en 2004 por los Medias Rojas de Boston, que rompieron así una maldición de 86 años sin triunfos. Sin embargo, cuando los Medias Blancas de Chicago ganaron en 2005, rompieron una sequía de 88 años.

Ocho jugadores de los Medias Blancas fueron acusados de perder intencionalmente la Serie Mundial de 1919, lo que, además de un escándalo y una maldición, inspiró un serie de libros y películas al respecto. Una de ellas es ‘Field of dreams’, nominada al Oscar en 1989.  Acá, una de las mejores escenas de la película. “If you build it, he will come”.


 

Vista nocturna de Chicago desde la parte más alta del estadio. A la izquierda, la Torre Sears.



Violencia de antaño. En este parqueadero ocurrió la célebre ‘Matanza de San Valentín’, un ajuste de cuentas entre mafias durante la prohibición de alcohol en la que estuvo involucrado Al Capone. Siete personas murieron acribilladas contra una pared, cifra que parece de risa si se compara con los índices de violencia que hay hoy en Chicago.

Supuestamente el lugar está embrujado y gente que ha pasado por ahí oye gritos y disparos. La historia completa sobre la maldición de la Matanza de San Valentín, aquí.


 

Suroeste de Chicago, una de las zonas más peligrosas de la ciudad, que de por sí tiene uno de los índices de asesinato más altos de Estados Unidos. Un artículo del Huffington Post que habla al respecto afirma que mientras 2000 soldados norteamericanos han muerto en Afganistán desde 2001, 5000 personas han sido asesinados en Chicago desde la misma fecha.

A finales de agosto, la violencia de la ciudad ocupó las primeras planas de los medios cuando 19 personas fueron heridas de bala en una sola noche. Otra vez, ciudades hermanas con Bogotá.

 

 

Para tomar esta foto me bajé en la estación de metro Laramie, en la línea verde, y de entrada di con tres patrullas de policía parqueadas. Cerca de allí, el panorama era este: gente parada en las esquinas, haciendo nada, esperando quién sabe qué.


 

Lo curioso es que a dos estaciones de metro de allí está Oak Park, un suburbio de Chicago que tiene el honor de haber parido a Ernest Hemignway y de haber sido el lugar de trabajo durante más de dos décadas de Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos más famosos de la historia.

Esta es una de las casas que hizo Lloyd Wright mientras vivió y trabajó en Oak Park, entre 1889 y 1909.

 

 

Y este, el estudio y casa del arquitecto, en el número 951 Chicago Avenue. En el sitio funciona hoy un museo que recuerda su vida y obra

 

 

Y esta, a dos cuadras de allí, es la casa donde vivió Ernest Hemingway durante su juventud. Ubicada en el número 600 de Kenilworth Avenue, en Oak park, fue vendida hace un par de meses en poco más de medio millón de dólares a una pareja de esposos.

Lo que Conmueve el hecho de que dos genios hayan sido vecinos. A mí me queda de consuelo que vivo en el mismo edificio de la actriz Carla Giraldo.

Seinfeld y el fútbol colombiano


¿Es esta imagen un montaje? ¿Por qué Jerry Seinfeld sale debajo de un afiche que dice Millonarios vs. Cúcuta? ¿Dónde fue capturada la imagen? ¿Quiénes son los tipos que están con él? ¿Es uno de los comediantes más famosos del mundo fanático del fútbol colombiano? ¿Cómo di con la foto? ¿Qué está pasando?

Por partes.

1. La imagen es real.

2. Después de dejar de hacer ‘Seinfeld’, en 1998, Jerry Seinfeld se mantuvo alejado de la tentación de hacer cine, volvió a sus raíces e hizo shows de stand up comedy, así como fugaces apariciones en programas de televisión.

3. El afiche que podría uno ver pegado a una pared de cualquier calle bogotana está enmarcado y colgado en la cafetería Fort Defiance en Brooklyn, Nueva York, donde se llevó a cabo uno de los episodios de lo más reciente de Seinfeld: una serie sólo para internet llamada ‘Comedians in cars getting coffe’.

La trama del programa no puede ser más clara y más obvia. Cada semana, el personaje se monta en un carro vintage, recoge a un colega y se lo lleva a un café a comer y a hablar, lo que sí se podría llamar “un show sobre nada”.

4. Por ‘Comedians in cars gettig coffee’ han pasado tipos como Larry David (con quien hizo ‘Seinfeld’), Ricky Gervais y Alec Baldwin. Los que están con él en la foto de apertura de este artículo son Colin Quinn y Mario Joyner, y el carro usado esta vez fue un Triumph TR6 de 1976. Puede ver el capítulo acá.

El capítulo de esta semana será con dos leyendas de la comedia: Mel Brooks y Carl Reiner.

5. No es probable que Seinfeld sepa que Millonarios y Cúcuta son dos equipos de fútbol profesional en Colombia y que el Campín sea un estadio. La cafetería donde grabaron esta charla tiene varios afiches de cultura popular que se pueden ver durante los 11 minutos que dura el video. Se trata de un lugar hipster, así que para el dueño ese afiche debe ser como un Dalí.

6. La foto es en realidad una captura de pantalla del capítulo y se la mandó a mi primo un amigo llamado Sebastian Parias.

Esta es la historia real. Si quiere conocer la de fantasía, consulte este post del Bestiario del balón.

Ah, si me informaron bien, el partido del afiche quedó 1-0 a favor de Millonarios, gol de tiro libre de Gabriel Fernández.

La Chicago de Barack Obama

Barack Obama nació en Honolulu; vivió en Indonesia, Los Angeles, Boston y Nueva York; ahora reside en Washington, pero fue en Chicago donde pasó la mayor parte de su vida. Allí llegó después de graduarse de la Universidad de Columbia, dios sus primeros pasos en política, ejerció como abogado, fue profesor y conoció a su esposa. En Chicago está la casa familiar de los Obama, la que seguramente ocuparán cuando salgan de la Casa Blanca, en cuatro meses o en cuatro años, según como le vaya este noviembre.

En año de elecciones presidenciales en Estados Unidos, un recorrido por la Chicago por la que andaba Barack Obama cuando no era el político más poderoso del mundo.

 

 

Esta es la torre Chase, en el número 10 de la calle Dearborn, centro de Chicago. Aquí Obama conoció a Michelle, su esposa, en 1989. El Presidente acababa de volver a Chicago luego de estudiar en Harvard y Michelle Robinson era su compañera de oficina en la firma de abogados Sidley & Austin. Dicen que fue amor a primera vista (de él hacia ella), pero que pasaron semanas antes de que pudieran salir porque a Michelle LaVaughn Robinson (su nombre de soltera) le parecía inapropiado salir con un colega.

 

 

Pero al final aceptó y en esta esquina de Hyde Park, al este de Chicago, cerca del lago Michigan, uno de los sectores más bonitos de la ciudad, se dieron su primer beso. Una placa recuerda el momento y el lugar, ocurrido en ese mismo 1989. Hoy funciona allí un Subway, pero para la época había una sucursal de la cadena de heladerías Baskin-Robins. “La besé y supo a chocolate”, dijo alguna vez Obama al respecto en una entrevista con la periodista Oprah Winfrey.

 

 

Toda historia de amor tiene un cortejo, una ida a comer helado y un matrimonio. El de Obama y Michelle se celebró en la calle 95, suroeste de la ciudad, el 3 de octubre de 1992, mismo día en que la cantante irlandesa Sinead O’Connor rompió una foto de Juan Pablo II en una emisión en vivo de Saturday Night Live.  

La ceremonia se llevó a cabo en la Trinity United Church of Christ. Esta es la sede original.

 

 

Y la nueva es esta, a una cuadra de distancia y al lado del Metra, la vía férrea que conecta a Chicago con los suburbios que la rodean.

 

 

Durante más de diez años, Barack Obama dio clases en este edifico de la faculta de derecho de la Universidad de Chicago. No hay ninguna placa o letrero que recuerde tal hecho. Reconocida entre otras cosas por el dinero y el esfuerzo que dedica a la investigación científica, la universidad tiene unos 15.000 estudiantes y por ella han pasado decenas de ganadores del Premio Nobel.

 

 

En estas canchas de basquetbol jugaba Obama con su cuñado, Craig Robinson, hermano de Michelle. Craig es entrenador y ha dirigido los equipos de básquet de las universidades Brown y Oregon State.

Las canchas quedan en los cruces de Lake Shore Drive y Hayes Drive. Lake Shore Drive es la vía de 25 kilómetros que bordea el lago Michigan. Esta rodeada de zonas verdes, playas, monumentos, fuentes, pasajes peatonales que la atraviesan por debajo y sirve para ir de un lado de la ciudad a otro de manera rápida.

 

 

Al Hyde Park hair salon fue durante casi dos décadas el Presidente, que hablaba durante largo rato con los peluqueros. A pocas cuadras de la casa privada de la familia Obama, al lugar han ido otras celebridades como Muhammad Ali y el director de cine Spike Lee.

 

 

Poco más de 1,5 millones le costo a los Obama esta casa, la número 5046 de la avenida Greenwood. El terreno, a pocas cuadras del Hyde Park hair salon, tiene unos dos mil metros cuadrados y está cuidado por altos pinos, vallas de seguridad, y en la puerta dos agentes del Servicio Secreto.

 

 

A los tipos que la cuidan me les acerqué a preguntarles si había algún problema en tomar fotos de la propiedad. Me contestaron que mientras no traspasara los límites de la misma, no había problema.

 

 

Después de leer este letrero fue que se me ocurrió hacer la pregunta. Está claro lo que dice, pero igual…

 

 

Pese a quedar lejos de Hyde Park, zona por donde solía moverse Barack Obama, él mismo ha confesado que MacArthur’s era una de sus restaurantes preferidos. Apenas un par de estaciones antes de Oak Park (línea verde del metro), un tranquilo suburbio de Chicago donde vivieron alguna vez el arquitecto Frank Lloyd Wright y el escritor Ernest Hemingway, el sector donde se encuentra el restaurante es uno de los más azotados por la violencia en la ciudad, que de por sí tiene uno de los más altos índices de criminalidad de Estados Unidos. Apenas me bajé de la estación di con tres patrullas de policía.

Dicen que el plato preferido del Presidente era el pernil de pavo.

 

 

Este es el East Bank Club, en el número 500 de la calle Kingsbury, en el centro de Chicago. Este era el gimnasio de Obama en sus últimos años en la ciudad, cuando ya había ascendido a la élite social y política de Estados Unidos. Acá alzaba pesas y tenis, entre otras actividades.

Las instalaciones del lugar son impresionantes, y es sólo cruzar la calle para dar con el parqueadero: un lote lleno de carros Mercedes Benz, Audi, Porsche, Jaguar y Range Rover.

No fue sino que yo pisara Chicago para que los profesores de los colegios públicos entraran en huelga por primera vez en 40 años. Espero que este pequeño recorrido por los lugares preferidos de Obama no le dañen el camino a la presidencia.

Miseria en el paraíso. (Los indigentes de Hawaii)


Fue George Clooney el que nos abrió los ojos. Al comienzo de ‘Los descendientes’, su personaje dice, refiriéndose a Hawaii: “Paradise? Paradise can go fuck itself”.

Lo afirmaba porque su esposa estaba en coma después de sufrir un accidente en el mar y además se había enterado de que ella le era infiel. No es este el caso. En esta historia la gente tiene que pensar primero en sus problemas económicos para luego sí lidiar con los existenciales.

 

 

Este es Rans, tiene 53 años. Su apellido es Arruda, lo que lo convierte en uno de los descendientes de los más de 20.000 portugueses que por culpa de la situación económica en su país emigraron a Hawaii durante el siglo XIX.

Rans es uno de los muchos indigentes que viven en Honolulu, la octava ciudad de Estados Unidos que peor trata sus problemas de indigencia según la National Coalition for the Homeless. El asunto se ha convertido en un tema delicado para las autoridades y en un mal ignorado por los turistas, que aunque se hospeden en hoteles de 600 dólares la noche y salgan de compras a los almacenes de Prada, Chanel y Swarovsky, caminan a la par de ellos en Waikiki y Ala Monana, dos de los sectores más costosos de la isla de Ohau.

Arruda es nuevo en el asunto. Vive en la calle hace apenas cuatro meses, cuando se quedó sin trabajo. Nacido en Honolulu, sólo fue una vez a la parte continental de Estados Unidos: un fin de semana a Las Vegas buscando repuestos de carros que después vendería en Hawaii. Hasta hace poco pintaba casas en Honolulu para una compañía que tiene sede en California, pero quebró por culpa de la crisis y tuvo que cerrar.  

Desde entonces su casa es el parque Kapiolani, una zona verde de la ciudad ubicada entre el zoológico y la playa de Waikiki. Vive de recolectar botellas y latas que luego vende en los centros de reciclaje a cinco centavos de dólar la unidad. Hans puede llenar con envases unas siete bolsas de basura a la semana, por lo que recibe unos 150 dólares.

Rans anda por las calles sin camiseta y cuando le molesta el sol se pone una toalla sobre los hombros. Duerme en una estera de playa y se mueve en una bicicleta que compró hace 15 años por 200 dólares (semana y media de trabajo).

Igual duerme poco, no más de tres horas, generalmente durante el día, ya que en su lucha fallida contra la indigencia las autoridades decretaron que los parques de Honolulu estuvieran cerrados desde la medianoche hasta las cinco de la mañana, pensando que así los habitantes de la calle se van a ir. Se van, pero vuelven a las horas en las que es legal estar en las zonas públicas del sector turístico.

Sus escasas horas de sueño y su continua exposición al sol se le notan: piel arrugada, reseca, tostada; pelo escaso y de mala calidad, ojeras. Antes de pintar casas, Rans limpiaba conductos de aire acondicionado. No puede aplicar para un subsidio de desempleo porque perdió su tarjeta del seguro social, y para volverla a tener debe tener su ID (la cédula en Estados Unidos), que también dejó de tener hace tiempo. Si quiere volver a tener uno debe presentar su certificado de nacimiento, el cual no tiene idea dónde está. Todo es un círculo vicioso que termina en la vía pública como hogar.

Su padre y su hermano viven en una zona residencial de Honolulu. Cuando perdió su trabajo se fue a vivir con ellos, que le advirtieron que tenía que conseguir un empleo y un lugar para vivir en un mes. Rans se fue antes porque nunca se la llevó bien con ninguno de los dos.  

Por eso se pasa el día recolectando botellas. Es más seguro que vender drogas a los turistas, que es a lo que se dedican muchos de los indigentes. En sus ratos libres duerme, juega cartas con sus amigos de la calle y surfea. El surf es el pasatiempo preferido de los hawaianos y Rans no lo hace mal. Llegó a tener siete tablas, ahora sólo posee una. Cuando se mete al mar a surfear deja su bicicleta amarrada a un candado. Es su más preciada posesión, con ella recorre la zona recolectando botellas y no puede darse el lujo de perderla.

Toma agua en cualquiera de las fuentes públicas que hay en Honolulu, se asea como puede en las duchas construidas para que los turistas se quiten la arena de la playa y para alimentarse baja bananos y papayas de los árboles.

 


Esta es la vista con la que se despierta Hans cada día: la playa de Waikiki. El clima de Hawaii, carente de invierno, es el preferido de los indigentes.

 

Mucho de ellos llegan de la parte continental de Estados Unidos, donde tienen que lidiar con el invierno, uno de los obstáculos más duros cuando se vive en la calle. Este dormía una siesta a las 11 de la mañana de un día nublado cerca de el centro comercial de Ala Moana, lleno de tiendas de lujo.

 

 

A pocos metros de un monumento que rinde homenaje a los portugueses que llegaron a Hawaii (los ancestros de Rans Arruda), este hombre vestía el uniforme del Ejército de los Estados Unidos al tiempo que hablaba solo.

 

 

Pleno centro de Honolulu, entre el edificio de la gobernación y Chinatown. Esta escena se repite casi en cada esquina de la ciudad.

 

 

Con más de 3000 cuartos y siete torres, el Hilton Hawaiian Village es el hotel más grande que tiene la empresa en el mundo. A una cuadra de allí, los indigentes se hospedan en lugares más humildes.

 

 

Debajo de esa chaqueta, a los 35 grados centígrados de las dos de la tarde de Honolulu, hay una mujer. Muchos de los mendigos de Hawaii llegan del continente y tienen que sortear redadas de la policía y agresiones de algunos turistas. A Rans lo han escupido, pateado e insultado. Lo curioso es que a estos habitantes de la calle no se les puede llamar “mendigos”, ya que no se les ve pidiendo dinero ni nada por el estilo a los transeúntes. Simplemente están.

 

 

Hay casas de albergue en Hawaii donde los indigentes pueden quedarse, pero están en lugares apartados de la isla y su permanencia allí es temporal, por eso prefieren armar sus propios cambuches en las partes de la ciudad donde se concentra la acción. Ahí hay más botellas para recolectar y más clientes a los cuales venderles drogas.

 

 

No pregunte cómo se llegó a dar esta escena, pero en plena playa de Waikiki, un indigente le tomó una foto a estos dos turistas.


  

Este tipo de imágenes nunca las va a encontrar en las promociones turísticas de Hawaii, pero hace parte del paisaje de la isla.

 

Rans Arruda a lo lejos, trabajando. Esta es su rutina durante los siete días de la semana. Esta foto se la tomé después de que hablamos. Le di 20 dólares y le pedí que no lo tomara como un insulto, sino como compensación por el tiempo que le hice perder. Él lo entendió y de despedida me dio la mano, la izquierda. Pura cortesía, porque la derecha es la mete en los botes de basura donde están las botellas que le dan para vivir. 

Hawaii: el pasado, la basura y la pedofilia

Cinco horas menos que Colombia y seis por detrás de Nueva York; A doce horas de París y a diecinueve de Tokio. Hawaii queda muy cerca del meridiano 180, ese sitio del planeta donde un día se encuentra con el otro. De un lado, por ejemplo, está Samoa Estadounidense, y del otro, Samoa a secas. Mientras en un lado son las seis de la mañana, del otro es la misma hora, pero del día siguiente.

Parece un juego arbitrario, y quizá lo sea, por eso a los países que están cerca del meridiano les ha dado por quitar días del calendario y hasta tienen licencia para pasarse de un día a otro.

El hecho es que Hawaii no tiene tal privilegio, pero se encuentra en una medianía difícil de asimilar. A 4000 kilómetros de Los Ángeles y a 8000 de Sidney, el día llega cuando en el resto del mundo ya ha avanzado más de la mitad o se está acabando. Medianía también porque políticamente hace parte de América, pero étnicamente es asiático.

Pero lo más cercano al archipiélago de 18 islas no son las costas de California, sino el basurero más grande del mundo, que no queda en México DF, como se cree, sino en la mitad del Océano Pacífico. Con dos veces el tamaño del estado de Texas (es decir, más grande que Colombia), la basura flota entre Asia y Norteamérica, gran parte de ella llega de las costas de Estados Unidos y de Japón y envuelve a Hawaii en una especie de inmundicia invisible que es muy difícil de detectar: mucha tiene a hundirse, y la que queda en la superficie se convierte en una especie de película de plástico llena de partículas. Se ha acumulado en esa parte del mundo a causa de las corrientes marinas, las olas como cárcel.

A todo esto parece ser inmune Hawaii: volcanes, bosques e islas vírgenes en Maui, turismo de lujo en Honolulu, buen clima todo el año, el lugar es un destino apetecido durante todo el año y desde todos los puntos cardinales: estadounidenses que viajan desde el continente, canadienses, australianos, chinos y en especial japoneses. Estos últimos llegan en cantidades industriales a las islas y en igual proporción gastan. Para ellos parece estar hecho Wakiki, la zona de Honolulu donde se concentran las mejores tiendas, restaurantes y hoteles de lujo.

Algo que se sabe pero no se comenta en voz alta es que Hawaii es un paraíso marítimo, pero también sexual. De prostitutas que trabajan desde Nueva York hasta Honolulu, pasando por Las Vegas y Los Ángeles, pero también de niños que son reclutados por redes de delincuentes y son forzados a tener sexo.

Hay una mujer que vive en Honolulu y que prefirió no dar su nombre. Es doctora y trabaja haciendo exámenes médicos y forenses a niños que han sido abusados sexualmente. Madre de tres hijos, dice que ha atendido a niñas de cuatro años maltratadas. Afirma también que el problema es un secreto a gritos, pero que las autoridades prefieren omitirlo ya que el turismo sexual le genera muchos ingresos al estado. Temen también que un escándalo al respecto afecte al turismo.

Respecto al tema, algo de ruido generó hace unas semanas la condena de un hombre a 30 años de cárcel por abusar de niños de hasta seis años de edad. Su nombre es Simon Jasper McCarty y fue capturado en 2008 cuando intentaba entrar a Hawaii, supuestamente para dictar un seminario musical a niños en la isla. La policía hallo en el computador de McCarty unas 400 fotos y 200 videos pornográficos de él con menores de edad.

Lo que le agregó un toque de escándalo a la historia de por sí escabrosa es que Simon Jasper McCarty es hijo de Jim, el baterista de The Yardbirds, grupo británico conocido por haber lanzado a la fama a tres de los mejores guitarristas de rock de la historia: Eric Clapton, Jimmy Page y Jeff Beck.

Acá, una muestra de cómo sonaban The Yardbirds, que tuvieron la virtud de mezclar el blues con el rock y volverlo popular entre los jóvenes de su época. Comparti el link porque el padre no tiene la culpa de lo que haga el hijo, supongo.

* Foto tomada del blog lindseyhoshaw.wordpress.com

Ruta Terrícola visita Ruta Terrícola

 

 

Todo es anterior a nosotros. Hace dos millones de años la isla de Maui comenzó a emerger de la superficie del mar y le tomó un millón de años comenzar el proceso. Luego, hace medio millón de años, vino el Haleakala y creció hasta superar los 3.000 metros de altura. Empezó a hacer erupción una y otra vez hasta que hace 150.000 años dijo no más y explotó del todo, rompiendo a Maui en mil pedazos y creando otras islas como Moloka´i, Lana´i y Kaho Olawe.

Pero los volcanes nunca se cansan y son impredecibles. El Haleakala mide casi diez mil metros si se tiene en cuenta su nacimiento desde el fondo del mar, y desde allí ha botado lava hasta decir no más. La de hace 150 mil años cambió el paisaje de la isla para siempre, y aunque no ha hecho erupción desde 1790 (algunas fuentes señalan que fue más cercana a 1750), se considera un volcán activo.

 

 

Así es el Hawaii que se imagina la gente, y es real. Playa, mar azul, carretera despejada, carro descapotado. Esta foto fue tomada al galope en Hana Highway, una de las principales vías de la isla.

 

 

Y este es el cuadro frutal con que recibe a los turistas que visitan cualquiera de las reservas naturales que tiene la isla. Piña, coco, banano y maracuyá, como en cualquier rincón de Colombia.

 

 

Comienza uno a subir por la carretera  378 para conocer el cráter del Haleakala  y esta es la vista que se lleva de la isla. Al fondo el mar y las montañas del costado oeste de la isla. Luego la planicie, una alfombra llena de cultivos de caña de azúcar que reemplazaron a la vegetación natural del lugar. Más adelante, pinos y vegetación propia de tierra fría y luego las nubes. Rumbo al Haleakala se atraviesan esas nubes y luego se superan.

 

 

Lo dicho. A mitad de camino del volcán la visibilidad es nula. En medio de la nube el clima exige saco de manga larga y luces prendidas. El camino desde el centro de Maui hasta el destino final son unas 37 millas (60 kilómetros).

 

 

Tres fotos arriba, la composición de frutas daba la impresión de estar en cualquier carretera de Colombia. Esta, cerca de la meta, parece un paisaje de la sabana cundiboyacense. Lo sorprendente es saber que a media hora de camino está uno de los mares más espectaculares del mundo.

 

 

Misión cumplida. Vista desde 3.000 metros de altura. Debajo de esas nubes está Maui. El mar, la playa, el sol, los hoteles de lujo, las cascadas, todo lo que le venden en los paquetes turísticos. Se ve como una cama de algodón a la que dan ganas de tirarse a dormir.

 

 

Luego voltea uno la cabeza y da con el cráter del volcán Haleakala para darse cuenta de que así el lugar se parece más a esas fotos que el Curiosity está mandando desde Marte que a una isla tropical.

 

 

Marte o la luna. Arriba en el Haleakala no hay nubes, hace frío y el sol quema pero uno no lo siente porque el viento sopla. Es después de bajar que se nota que los labios están partidos y que la piel está roja y arde. Dice la leyenda que tomar una de estas rocas y llevarlas a casa es de mala suerte porque Pele, la diosa de la lava, puede tomar represalias, haciendo explotar el volcán.

 

 

Por este sendera a orillas del cráter camina la gente (alla se ven, al fondo, como hormigas). Algunos acampan, otros llegan hasta un punto y se dan la vuelta. No es recomendable hacer el recorrido sin gorro, manga larga, agua y buenos zapatos.

 

 

También se puede acampar y para eso se han dispuesto varios puntos, el más lejano a unos seis kilómetros de caminata. No tiene costo y se puede estar un máximo de tres noches seguidas. A orillas del cráter de 30 kilómetros cuadrados y unos 800 metros de profundidad, este grupo se preparaba para su aventura de 72 horas.

 

 

Este observatorio astronómico lleno de telescopios de largo alcance ha sido administrado por la Universidad de Hawaii y por su ubicación y altura ha servido para presenciar desde un lugar inmejorable todo tipo de fenómenos naturales, además de haber permitido descubrir 58 asteroides. Parece de otro planeta y basta con mirar las fotos de satélite para entender la magnitud del lugar.

 

 

El cráter del Haleakala y todo lo que hay alrededor está dentro del Parque Nacional del mismo nombre, que incluye unos 135 kilómetros cuadrados. Si por la do del volcán todo es desértico, del otro lado está el mar, mar de un azul rey difícil de encontrar en otra parte.

 

 

Llegar al otro lado del lugar implica recorrer unos 150 kilómetros en una carretera digna de Colombia: llena de tramos destapados y de un solo carril donde a menudo hay que parar uy orillarse para que los carros que van en sentido contrario puedan pasar. 



Sin embargo el paisaje al final, tres horas después (y más acorde al Hawaii que nos imaginamos a la distancia), vale la pena. La foto de más arriba son una serie de  cascadas que van a dar al mar. La imagen que está sobre estas líneas es el lugar del Océano Pacífico donde desembocan.

Este artículo no le hace justicia a la belleza del sitio, por torpeza de su autor, sin duda, pero también porque hay cosas que superan al lenguaje. Por eso hice que me tomaran la foto que lo abre, a manera de recuerdo. 

Postales de Nueva York

Después de una semana la ciudad quedó atrás y volé 11 horas hasta Hawaii, desde donde ya ha informado vía Twitter. Pronto lo haré en este blog, pero mientras ese momento llega, los dejo con unas postales neoyorkinas a manera de despedida.

 

 

En Bogotá lloramos por el precio de los parqueaderos. En el parque de la 93 cobran $95 el minuto y nos dan ganas de llorar. Precio de una hora de parque en Manhattan: US$16.05 más impuestos (US$19.42 si es por la noche). Bogotá es cada día más venenosa, pero aún le falta mucho para alcanzar estos niveles. Que esta foto no la vean los dueños de los parqueaderos en Colombia.

 

 

La cruda realidad del mercado de bienes raíces en Nueva York. Para alquilar un apartamento de una habitación debe uno ganar al menos 29.314 dólares al año y debe pagar por él entre 797 y 883 dólares mensuales. Y esto es en la calle 160, pleno Bronx, lejos de los apartamentos de Park Avenue que no bajan del millón de dólares.

 

 

Si está interesado en un apartamento en Manhattan, lo pongo al tanto de esta ganga en la calle 65 este: 1.200 metros cuadrados, ocho habitaciones, cuatro terrazas, cuarto principal con sauna y otras comodidades, todo por 9,5 millones de dólares. Interesados, llamar a Barbara Evans-Butler al teléfono de la foto.

Sin embargo, mi cuñado, que trabaja en construcción en Nueva York, me contó que cerca de ahí hay un penthouse de dos  pisos y 2000 metros cuadrados que acaba de ser vendido en 88 millones de dólares. Qué pobres somos y qué mal está el mundo.

 

 

Lo bueno es que afuera de la agencia de bienes raíces que vende el apartamento de 9,5 millones hay sitio para dejar amarrado al perro. Por toda esa plata, es lo mínimo.

 

 

Seguimos con los edificios. Este es el que usaron para que fuera la fachada de la serie de televisión ‘Friends’, en la esquina de las calles Groove y bredford, pleno West Village. Abajo, el restaurante The little owl, que apareció en la película ‘No reservations’, protagonizada por Catherine Zeta-Jones y Aaron Eckhart. En el restaurante cobran 13 dólares por una entrada y hasta 30 por el plato fuerte.

 

 

Seguimos con los restaurantes. Este es Tom´s, célebre por ser la fachada del restaurante que salía en Seinfeld, y también porque la cantante Suzanne Vega compuso una canción llamada así, ‘Tom´s diner’.

 

 

Así luce el lugar por dentro. Nada que ver con lo que veíamos en la serie, aunque ya lo sabía porque cuatro años atrás lo había visitado para escribir un artículo sobre Kenny Kramer, el hombre que inspiró el personaje de Cosmo Kramer. Volví por la nostalgia y por la malteada de chocolate. La locura.

 

 

Más restaurantes, más comida. Este es Grey´s Papaya, en la 72 con Broadway, el lugar de perros calientes más famoso de la ciudad. La lista de películas y series de televisión donde ha aparecido es larga, e incluso fue reseñado por Anthony Bourdain. El favorito del público es el ‘Recession special’: dos perros y un jugo por US$4,95.

 

 

Otro tipo de comida: esta es una van de Coalition for the homeless, entidad sin ánimo de lucro que diariamente reparte comida para miles de indigentes en Nueva York. Esto fue entre Chinatown y la alcaldía de la ciudad; era tarde y la foto tuve que tomarla con flash, lo que no gustó entre las personas que estaban recibiendo las bolsas. Tuve que irme rápido de allí.

 

 

Y ahora de vuelta a los edificios, esta vez para compartirles la fachada que fue usada como portada (y contraportada) de ‘Physical graffiti’, el sexto disco de Led Zeppelin y uno de los más vendidos de la banda.

El edificio tiene dos entradas, (el álbum es doble) en los números 96 y 98 de St. Mark’s Place, East Village. Abajo funciona una tienda de te llamada ‘Physical graffitea’ y acá va un dato: El mismo edificio fue usado por los Rolling Stones para el video de la canción ‘Waiting on a friend’.

Led Zeppelin es el mejor grupo de rock de la historia, qué duda cabe, y cuando tomé esta foto susurré los acordes iniciales de ‘Ten years gone’.

 

 

Nueva York genera 23.600 toneladas de basura al día, según la ONU. Acá, una pequeña contribución de un edificio para tan descomunal cifra.

 

 

Y acá otra. Una máquina elíptica tirada a la caneca. En la basura de Nueva York se encuentran muñecos, ropa, mesas, gafas, libros intactos, teléfonos fijos; cosas que no se ven en países pobres.

 

 

Domingo de violín para niños en el Central Park. Nada más.


 

Otro clásico de Nueva York : el metro. Casi 1500 kilómetros de vías y más de 400 estaciones para que más de 1500 millones de pasajeros se puedan mover por toda la ciudad.

 

 

Así se para un taxi. La cuenta en un restaurante se pide con discreción, alzando sutilmente el dedo. Para el taxi, en cambio, hay que gritar auxilio con todo lo que se tiene porque la competencia es feroz. Igual que en Bogotá, sólo que aquí no hacen el paseo millonario.

 

 

Ciudad arriba, en el lado oeste y en el límite con Harlem está la Universidad de Columbia, una de las mejores del país. Esta es la cafetería de la facultad de periodismo. Como comunicador mediocre que soy, me llamó la atención que hubiera televisores con noticias, pero sobre todo franjas con los titulares más importantes. En la cafetería de mi universidad había unos sánduches de jamón y queso que te cagas.

 

 

La cúpula del Chrysler, en los cruces de la calle 42 y la avenida Lexington. Fue durante once meses el edificio más alto del mundo (hasta que llegó el Empire State), pero sigue siendo el más bonito.  El cielo se puso de mi lado para la foto.

 

 

El Flatiron, otro clásico, en la intersección que forman la calle 22 y las avenidas Quinta y Broadway. No puede uno dejar de ver su forma aerodinámica.

 

 

57 es un mal número para Eric Clapton. En la calle 57 está este edificio de 57 pisos, llamado The Galleria (el de la mitad). De ahí cayó su hijo de cuatro años, Conor, en 1991. Su muerte inspiró dos canciones de Clapton: ‘Tears in heaven’, que no entiendo por qué le gusta a la gente, y la enorme ‘Lonely stranger’.

 

 

En esta casa de East Northport, en Long Island, a hora y media en tren desde Nueva York, nació Walt Whitman, uno de los grandes poetas que ha dado Estados Unidos. Autor de ‘O Captain! My Captain!’, que además de hablar de la muerte de un líder (Abraham Licoln) aparece en la película ‘La sociedad de los poetas muertos’. El lugar es ahora un museo.

A mí me gusta el final de un poema de él que aparece en el libro ‘Hojas de hierba’ que dice:

“No desfallezcas si no me encuentras pronto.

Si no estoy en un lugar, búscame en otro.

En algún lugar te estaré esperando.”.

 

 

Cerca de ahí, en Long Island también, está la mansión donde Antoine de Saint-Exupéry escribió ‘El Principito’ desde el exilio durante la II Guerra Mundial. La construcción es conocida como La mansión Bevin,  una casa victoriana con más de veinte habitaciones y salida al mar. Está en Ashroken, Northport, donde cualquier casa supera con facilidad el millón de dólares.

 

 

De vuelta a Nueva York porque en esta otra, en el número 70 de la calle Willow, en Broklyn, escribió Truman Capote su libro ‘Breakfast at Tiffany’s”. Hace poco fue vendida en 12 millones de dólares, fijando un nuevo record para esta zona de Nueva York. 12 millones, y eso que al lado queda una iglesia de los Testigos de Jehová.

 

 

La Community bookstore es una librería de Brooklyn donde Paul Auster presentó recientemente uno de sus libros. El escritor de 65 años se pasea por el barrio, donde es una celebridad. Una amiga lo vio hace poco comprando bagels, como si nada, en una panadería de la zona.

 

 

God bless America, impreso en una caja de pizza de queso. Esto ya es demasiado, en la próxima entrada comienzo con Hawaii.

Un cine llamado Nueva York II

Segunda y última parte de sitios de Nueva York donde se hicieron películas que algún día fuimos a ver a cine como si nada. Aportes y colaboraciones a esta lista que hice desde mi gusto son más que bienvenidas.

La entrega pasada terminó en el Distrito Financiero con locaciones de The Thomas Crown Affair, así que nos quedamos por la zona.

 

 

En Inside Man dirige Spike Lee; Christopher Plummer es el dueño de un banco que es robado por Clive Owen. Denzel Washington y Willem Dafoe son los policías que toman el caso y Jodie Foster es una mediadora que cobra una fortuna por hacer su trabajo: que el asunto no se vuelva un  escándalo. La fachada del banco es la de este edificio, el 20 Exchange Place, en los cruces de las calles Beaver y Hannover.

Fue construído hace más de 80 años, tiene más de 50 pisos, llegó a ser el cuarto rascacielos más alto de la ciudad y hoy es patrimonio arquitectónico.

 

Esta es una de las puertas. Perdonarán los andamios, no logré hacerlos quitar para la foto.

 

 

Al comienzo de la película suena una canción llamada Chaiyya Chaiyya, la cual hallo perfecta para trotar. Al comienzo de la película, mientras suena la canción, se muestran de cerca las gárgolas del edificio.

 

 

Número 71 de la calle 97, en el costado este de Manhattan. Por esa puerta entraba Leon (Jean Reno) a su apartamento en The professional (El perfecto asesino). Al lado derecho, la tienda donde compraba cantidades industriales de leche. Además de ser una gran película, a The professional hay que agradecerle por permitir que el mundo conociera a Natalie Portman y por una actuación inolvidable del gran Gary Oldman.

 

 

Sin embargo, las tomas del interior se hicieron en el Hotel Chelsea, uno de los lugares más famosos de la ciudad, en pleno Midtown. La fama del lugar no es gratuita, acá vivieron en algún momento Mark Twain, Jean Paul Sartre, Arthur Miller, Bob Dylan, Charles Bukowski, Janis Joplin, Leonard Cohen, Tom Waits, Iggy Pop. En el Hotel Chelsea encontraron muerta a puñal a Nancy, la novia de Sid Vicious, de The sex pistols.   

 

 

Lo malo es que a la entrada se encuentra con este letrero.

 

 

Durante un buen tiempo creí ser Jamal Wallace, el protagonista de Finding Forrester. Quería escribir, lo hacía con frecuencia en pequeñas libretas que no mostraba a nadie e iba a clases con un maletín verde con fondo de cuero marca Jansport, igual al del protagonista de la película (el morral lo compré antes de verla, por si acaso). Sólo me faltaba jugar bien algún deporte y tener un padrino como Sean Connery.

En la calle 158, en el Bronx, están el edificio desde donde William Forrester (Connery) decidió encerrarse por el resto de la vida y veía jugar básquet a Jamal Wallace y sus amigos.

 

 

Esta es la cancha, y al fondo, el edifico nuevamente. Lo único que no me gustó de la película es que hacen ver como si escribir fuera entretenido. Si usted se divierte escribiendo, mejor dedíquese a otra cosa.

 

 

Este es el costado del edificio, una rareza arquitectónica en este sector de la ciudad lleno de complejos de apartamentos altos y con forma de cajones. En domingo en la mañana, estas inquilinas decidieron salir a tomar el sol.

 

 

Antes de los iPhones y los planes de datos, a la salida de la estación de metro de la calle 72 con avenida Broadway solía haber un teléfono público. Desde ese teléfono que ya no existe (estaba al costado izquierdo de la estación) hablaron John McLane (Bruce Willis) y Zeus Carver (Samuel L. Jackson) con Simon Peter Gruber (Jeremy Irons), un ex militar de la Alemania Oriental que tenía un plan para robarse la reserva de oro de Estados Unidos creando un caos en Nueva York. Todo en Die Hard III. Perdón por el link en alemán, pero en Estados Unidos muchos videos están prohibidos por derechos de autor.

 

 

En la terraza del número 255 de la avenida Central Park West Tom Ripley (Matt Damon) se hizo pasar por estudiante de Princeton para tocar el piano en un concierto. Allí comenzó una serie de engaños que se extendió hasta Italia y terminó con la muerte de Dickie Greenleaf (Jude Law). Todo esto en The talented Mr. Replay, donde también actúan Gwyneth Paltrow y Philp Seymour Hoffman.

 

 

A la mitad de Central Park se encuentra el Loeb Boathouse, un lugar donde la gente alquila veleros a escala y los navega a la distancia en un estaque artificial. Acá transcurre una de las escenas de F/X, clásico ochenteno donde un experto en efectos especiales de Hollywood es contratado secretamente por el FBI (¿O LA CIA?) para simular el asesinato de un mafioso. Todo termina mal y el personaje, encarnado por el actor australiano Bryan Brown, termina siendo la presa de una cacería para que no haya testigos. A F/X le fue tan bien en taquilla que tuvo una segunda parte, con resultados discretos.

 

 

Cerca de ahí, en el puente Bow, se encontró Connor MacLeod (Christopher Lambert) con uno de sus amigos inmortales para ponerse al tanto de la situación: el día definitivo estaba cerca y sólo uno podría ganar el premio final, que era volverse mortal y poder llevar una vida normal. Todo esto en Highlander, que tiene a Sean Connery como coprotagonista y al grupo británico Queen como autor de la banda sonora.

Mi escena preferida de la película es la de apertura, después de la batalla inicial entre McLeod (Christopher Lambert) y otro inmortal, cuando la cámara sube por el parqueadero del Madison Square Garden hasta el techo y de una aparece en la Escocia de 1536. Como no les puedo pasar el link de la escena, acá les dejo la película completa. A ver qué se inventan para verla en la oficina.

 

 

Y sobre el techo de los estudios Silvercup, en Queens, cerca del río que lo separa de Manhattan, se lleva a cabo la pelea final entre McLeod y Víctor Kruger, interpretado por Clancy Brown. Silvercup es el estudio más grande de Nueva York y allí se han hecho películas y series de televisión como Los Soprano, Sex and te city, Gangs of New York y Julie & Julia.

 

  

 

Con ustedes el Serendipity 3 un restaurante/tienda de regalos en el lado este de la calle 60 que sale en una escena de One fine day, otra de las llamadas “comedias románticas”. A George Clooney y Michelle Pfeiffer les toca ser socios a la fuerza en un agitado día en Nueva York donde comenzarán odiándose, confundirán teléfonos, intercambiarán hijos y terminarán enamorados. Afuera del restaurante hay bancas para que la gente haga reservaciones y espere su turno. Mientras estuve allí tomando la foto, salió un empelado a decir en voz alta “Mary, party of three”. Mary nunca apareció y perdió el turno.

 

 

Mañana soleada para The nacional arts club, en el Gramercy park south (en el East Village), lugar que ha sido prestada para películas como Kramer vs. Kramer, Bullets over Broadway, Quiz Show y, la razón por la que tomé la foto, The age of the Innocence, que es una de las cosas más bonitas que se han hecho sobre la tierra. En la película de Scorcese, el lugar hizo las veces de la mansión de los Beaufort, donde año tras año se hacía el evento social más importante en la Nueva York del siglo XIX.

 

 

Al club han pertenecido personas como el ex presidente de Estados Unidos, Theodore Roosvelt.

 

Acá, un detalle de la entrada (hasta donde me dejaron entrar), y acá, la escena del baile en la película protagonizada por Daniel Day Lewis y Michelle Pfeiffer. 


 

116 con octava, pleno Harlem. En estas calles se grabó American gangster, la historia de Frank Costello, un mafioso que cambió la forma de traficar droga en la ciudad. Dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Danzel Washington y Russell Crowe, utilizó las mismas locaciones donde operaba Costello.

Cerca de allí queda el Morningside Park, un lugar apacible de día pero inseguro aún por las noches. Allí violaron a una mujer pocos días antes de tomar esta foto. El violador fue capturado por la policía.

 

 

Por esta puerta de vidrio de la derecha, en este restaurante en la calle 82 con avenida Madison (lado este de Manhattan) se asomó Meryl Streep para ver cómo estaba su hijo luego de haberlo abandonarlo y dejarlo al cuidado de su esposo, Dustin Hoffman, en Kramer vs. Kramer.

 

Hoffman no nota que ella está ahí mientras deja al pequeño Billy en la escuela pública número 6 de Nueva York.

 

 

En The devil wears Prada, la bruja de Miranda Priestly (Meryl Streep otra vez) manda a esa delicia llamada Andy Sachs (Anne Hathaway) a comprar un pedazo de carne a Smith & Wollensky para luego despreciárselo. El restaurante, que fue definido por el NY Times como el mejor de carnes, queda en la avenida tercera con calle 49,

La historia, que primero fue libro,  fue inspirada en la directora de Vogue, Anna Wintour, a quien muchos de sus ex empleados ven como una verdadera bruja. Buen trabajo de Streep, entonces, que fue nominada al Oscar por el papel.

Un cine llamado Nueva York I

Aunque Hollywood quede al otro lado de Estados Unidos, resulta difícil hallar una película que no haya sido grabada en Nueva York. Por ser tantas y tan buenas, acá va un recorrido por los sitios donde se grabaron algunas de ellas. Se trata de una elección personal, subjetiva. Si no le gusta el listado o cree que faltó alguna, puede hacer su aporte.

 

 


Primero lo primero: Goodfellas, mi película favorita. Desde esta casa de Queens, la número 2409 de la calle 32, Henry Hill (Ray Liotta) dijo en voz en off “To me, being a gangster was better than being President of the United States” mientras la cámara mostraba al joven Henry admirar a los mafiosos que al otro lado de la calle se reunían en una pizzería. 

Dato: Henry Hill murió en junio de este año en Los Ángeles por complicaciones cardíacas. Aquí, en una foto con Ray Liotta.

Mientras en algunos listados ponen a El Padrino como la mejor película de la historia, yo creo que Goodfellas es superior porque es un bombardeo de información que durante más de dos horas no deja pestañear.

 

 

Y este es el local donde supuestamente funcionaba la pizzería. No tiene letrero alguno, ni número. La calle queda en Astoria, detrás de una estación de la línea N del metro, en una zona reconocida por ser territorio de la mafia.

 



El club Copacabana quedaba originalmente en lado este de Manhattan, sobre la calle 60 y a media cuadra del Central Park. Allí fue donde, en Goodfellas también, la cámara se fue detrás de Ray Liotta y Lorraine Bracco desde que entraron por la puerta de atrás hasta que se sentaron en primera final para ver un show. Hoy el sitio es un restaurante llamado ‘Rouge Tomato’ mientras que, después de muchos años y muchas mudanzas, el Copacabana aún existe en la calle 47, pleno Times Square.

 

 

Justo al frente de lo que el era el Copacabana, en el número Uno de la misma calle, se encuentra uno con la entrada del Metropolitan, un club privado fundado por el financista J. P. Morgan hace más de un siglo. Aquí se filmó una escena de Great expectations, protagonizada por Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow. El amor imposible llevado a los más altos niveles de enfermedad.

 

 

 

Gangs of New York se hizo en estudio en Italia, pero la historia ocurre en una zona de la ciudad llamado Los cinco puntos. Los cinco puntos de la vida real quedaba donde hoy es en Chinatown, cerca de la alcaldía y solía ser un lugar tan inseguro que llegó a ser considerado el barrio más peligroso del mundo (quién sabe por quien). Se llamaba así porque se encontraba en las intersecciones de las calles Cross (hoy Park Street), Anthony (hoy Worth) y Orange (hoy Baxter), formaban cinco esquinas.

En general Nueva York es una ciudad recuperada, y donde antes operaba la delincuencia hoy se ven familias, turistas, gente haciendo deporte sin miedo. La ONU queda en un lugar donde antes operaba la mafia. Times Square era un antro de drogas y prostitutas, mientras que cada parque de la ciudad era sitio de reunión de delincuencia común. Así las cosas, aún hay esperanza para Bogotá.

 

 

En ese hospital del Lower East Side se filmaron las escenas de El Padrino I en las que Vito Corleone se recupera después del atentado en su contra. La fachada no es la misma de hace 40 años y se puede ver que está siendo mejorada de nuevo.

 

 

El hospital se llama The New York eye and ear infirmary, una de las mejores clínicas de oftalmología del mundo y queda en la calle 14 con avenida segunda, a dos cuadras de donde me estaba quedando.

 

 

La calle 118 con avenida Pleasant fue escenario de una de las palizas más célebres del cine: Sonny Corleone (James Caan) le dio hasta con los botes de la basura a su cuñado, Carlo, por haber golpeado a su hermana. En la vida real, Pleasent Avenue ha sido hogar y centro de operaciones de varios de los mafiosos más temidos de la ciudad, entre ellos, Anthony ‘Fat Tony’ Salerno, capo de la temida Familia Genovese.

  

 

Del Padrino I al II en cuestión de pocas calles. Cerca del hospital, en la calle 7 entre avenidas A y B, está este bar, llamado Vazak’s, donde se hizo la escena del tiroteo callejero que se arma después de que intentan asesinar a Frank Pentangeli.

 

Así luce el bar por dentro. Al fondo, donde estaba la cabina telefónica en la que trataron de ahorcar a Pentangeli, ahora hay un cajero automático. Acá va la escena.

Dato: en este bar también se rodaron escenas de Cocodrilo Dundee, pero no fue esa la razón por la que le tomé foto al bar.

 

 

Metí el dedo índice en esta pila a ver si hacía hervir el agua como en El Abogado del diablo. La escena se rodó aquí, en la Iglesia Most Holy Redeemer, en la calle tercera este.

 

 

Así es la iglesia por dentro, aunque la fachada interior que hayan usado sea la de otra iglesia, la Central Presbyterian Church, en Park Avenue con calle 64.

 

 

Al Yonah schimmel knish bakery (número 137 de la calle Houston) iba Larry David en Whatever Works, escrita y dirigida por Woody Allen. No es una mala historia, pero cuando se entera uno de que David y Allen van a trabajar juntos en Nueva York se imagina una obra maestra y no una buena película más. El restaurante fue fundado en 1890 y funciona aún en el mismo lugar. 

 

 

Esquina de Front Street y Old Slip, en el costado este del Distrito Financiero, pleno Wall Street. Esta es la entrada del edificio de Pierce Brosnan en The Thomas Crown affair. En el letrero donde dice Financial Square pusieron para la película uno que decía “Crown Acquisitions”.

 

 

Y así luce la punta del edificio, donde quedaba la oficina de Crown. La película es un remake de la original, hecha en 1968 y protagonizada por Steve McQueen y Faye Dunaway. La de 1999 tiene a Pierce Brosnan y a Rene Russo, con la misma Dunaway haciendo el papel de siquiatra de Crown.